DESHACIENDO MITOS, ACLARANDO CONCEPTOS, EL YOGA Y LA ESPIRITUALIDAD

Meditacion Yoga psicologia emocional san fernando

Seguramente habremos oído hablar mucho  en estos últimos tiempos, más que nada relacionado con el mundo de la mejora personal y espiritual, del apego. Generalmente suele tener un halo de negatividad y desagradable, por lo que a veces hasta puede darnos miedo tener algún tipo de apego como si se tratara de una enfermedad. Y con razón en algunos casos, pero se dan muchas confusiones a la hora de entender de qué estamos hablando cuando hablamos de apegos.

El apego es imprescindible y necesario si queremos crear relaciones duraderas y veraces en nuestra vida. Hay que saber distinguir más bien a qué me conviene o no (para mi salud social, física o mental) apegarme. Buscando la resiliencia en caso que tenga que dejar partir algo o a alguien de nuestra vida. Los extremismos no llevan nunca a nada.

Apego según la R.A.E. es el “afecto, cariño o estimación hacía una persona o cosa. En otro orden de cosas sería la afición o inclinación hacia alguien o algo”. Si buscamos en inglés una de sus acepciones es adicción, es la vertiente negativa del significado más amplio de este término.

Teniendo en cuenta que Aristóteles decía a Nicómaco que “La virtud está en el término medio”, en cuanto al apego nos encontramos que en la mayoría de las ocasiones este término se usa de modo inadecuado. Por eso creo importante aclarar dicho concepto y la importancia o relevancia que puede llegar a tener en nuestras vidas.

Somos seres sociales, venimos al mundo para relacionarnos con los demás, si no, no seríamos quienes somos ni lo que somos a nivel individual y como especie. Conectamos y nos relacionamos con los demás, estamos programados para ello y por eso necesitamos y damos cuidados, protección y seguridad. Aunque no queramos no podemos evitar necesitar a otros, es algo instintivo, está en nuestros genes.

Se podría decir que el apego en cierto modo es un mecanismo de defensa de la especie. Nos cohesiona como grupo (familia, sociedad,…). Sin apegos no hay grupo, no hay familia, no hay sociedad. Apego en su significado correcto, claro.

Es una forma de disponer de un entorno seguro y adecuado que haga que seamos sanos y estemos protegidos (inmunizados ante los embites de la vida) a nivel psicológico y emocional. Nos sirve para potenciar nuestra fuerza interior. Si no disponemos de esto, enfermamos por dentro.

El apego bien entendido se desarrolla en la infancia de forma innata hacia los cuidadores o figuras de apego que proporcionan seguridad  emocional. Esto es imprescindible para nuestro adecuado desarrollo psicológico. Está, por tanto, relacionado con nuestro desarrollo emocional, con nuestros sentimientos y emociones hacia los demás. Si se da de forma inadecuada, ese  desarrollo puede ser también inadecuado, creándose patrones de dependencia o de acercamiento a formas de relaciones tóxicas o inadecuadas por parte de uno mismo hacia los demás o de los demás hacia uno mismo.

En principio el término es utilizado por primera vez para describir las interacciones entre el niño y el cuidador por John Bowlby (psicólogo inglés) al describir la relación entre padres e hijos en el desarrollo de estos últimos. Fue pionero en sus trabajos sobre la teoría del apego. Según este autor, dependiendo del tipo de apego (seguro o inseguro) que establecemos con nuestros padres, generamos diferentes formas de relación con los demás y con nosotros mismos. Por tanto, los patrones de apego en la infancia repercuten en la vida adulta.

De un tiempo a esta parte se viene usando el término desde una acepción  negativa utilizando el marco (a mi parecer equivocado) de las filosofías orientales, teorías de “la nueva era” y la tan ansiada mejora personal, vista  desde diferentes corrientes que van surgiendo últimamente, por otro lado herederas de todo ese saber antiguo y respetable. Forman parte, a mi modo de ver, incluso, de la superstición popular new age, en la que tener apegos es poco menos  que indeseable, nocivo, y hay que evitarlos a toda costa. En ocasiones se escucha que los apegos te hacen perder tu personalidad y tu energía. Todas estas ideas, provocan miedo y confusión y es normal que los ciudadanos de a pie queramos deshacernos de cualquier tipo de apego que nos ate o nos resulte incómodo. Corriendo el riesgo de querernos deshacer de todo aquello que simplemente no nos guste, como cuando de pequeños nos dan a comer verdura y la rechazamos sin más porque no nos agrada su sabor, su textura aun sabiendo que es bueno; esto que sería un comportamiento infantil, en ocasiones perdura en la etapa adulta generalizado a otro tipo de situaciones.

Pero en un sentido más correcto, para esta definición que se da del apego, deberíamos utilizar el término dependencia emocional. Cuando esto ocurre, es cuando hay que soltar. Dependencia negativa, poco sana o tóxica para nosotros y nuestro entorno.

Una cosa es necesitar a otros por ser seres sociales y formar lazos con los demás (sean familiares, de amistad, de amor, de trabajo, etc.) y otra muy diferente es depender de los demás o dar la llave de nuestra felicidad a otros, cuando esa llave sólo está en nuestras manos, acompañados de los demás o no. O no querer soltar por miedo a lo desconocido, aun sabiendo que no nos beneficia y tampoco beneficia a otros, ya que los obligamos depender de nosotros.

Ya sabemos que todo cambia y fluye y que hay que estar preparados para todo. Según los budistas, la vida es un continuo fluir, todo cambia y nada permanece. Sin embargo, sí hay cosas que perduran en el tiempo y que nos dan sensación de seguridad, de estabilidad. No podemos vivir en un continuo desequilibrio por más que todo esté en movimiento. De ahí que en la meditación se busca un punto de quietud en medio del caos. Es de sabios estar preparados para lo que venga y saber adaptarse a los envites de la vida, eso es “resiliencia” saber cuándo soltar y cuándo agarrarse a algo o a alguien siempre y cuando estén de disposición de darnos ese anclaje. Saber cuándo soltar y cuándo sujetarse a algo, como hacen los escaladores que suben una pared que si no lo hicieran de este modo caerían al vacío.

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